El manual para evitar ciberestafas: cuáles son los engaños más comunes y las señales de alerta
La capacidad de generación de textos, imágenes y videos de la inteligencia artificial trajo una serie de problemas para distinguir la legitimidad de un contenido. Bajo este contexto, las ciberestafas bajaron la barrera de entrada para los estafadores: ahora es mucho más fácil crear un mail apócrifo del banco, replicar una voz de servicio técnico o crear un video en redes sociales para atraer a una inversión fraudulenta.
Por este contexto, se empieza a caer un prejuicio respecto de que la tercera edad es la franja etaria más vulnerable: en la actualidad, cualquier usuario de cualquier edad puede ser un blanco atractivo. Y muchos de la así mal llamada generación "nativa digital" ni siquiera saben qué es un segundo factor de autenticación (ver más adelante, o acá).
En Argentina hay algunas estafas clásicas dando vueltas desde hace años: el falso paquete de Correo Argentino, los llamados o mensajes en nombre de ANSES o PAMI para supuestos beneficios o trámites urgentes, y el engaño del falso empleado bancario o de Mercado Pago que alerta sobre una operación sospechosa para que la víctima termine entregando claves o transfiriendo dinero. A todo esto hay que sumar los permanentes robos de cuenta de WhatsApp, aplicación muy codiciada por estafadores para pedir dinero a amigos y familiares.
Durante el último año, este tipo de engaños no sólo siguió vigente, sino que se intensificó. Bancos de la talla del Galicia en Argentina registraron un aumento del 83% en la cantidad total de casos de fraude digital respecto de 2024, mientras que las estafas asociadas a publicidades y cuentas falsas en redes sociales aumentaron un 21%. Los incidentes vinculados a “infostealers”, un tipo de virus que se instala en el teléfono o la PC para robar contraseñas y cuentas, crecieron un 213% interanual.
Aplicaciones como Mercado Pago detectaron que 8 de cada 10 denuncias que reciben están asociadas a transferencias enviadas hacia cuentas de otros bancos o proveedores, lo que permite ver un patrón en el movimiento de dinero de los cibercriminales: mover rápido la plata entre plataformas para dificultar su trazabilidad.
Y gran parte del problema tiene que ver con lo central que se volvió el teléfono celular en la vida cotidiana. “Hay que comprender que existe una identidad digital de la persona, que se ve reflejada y conducida hoy en una amplia mayoría por el teléfono celular. Entonces este dispositivo hay que cuidarlo como se cuida al documento, a la escritura de la casa o al contrato de alquiler, con el mismo celo. ¿Vos dejás que alguien juegue con la escritura de tu casa, doblarla para hacer origami o escribir en los bordes? ¿No? Bueno, tu teléfono hay que pensarlo de la misma forma”, dice Teno a Clarín, investigador tech argentino que trabaja con temas de ciberseguridad y comunicaciones.



